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Una terrible injusticia
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Jaime Rojas | 02-05-2017 | 10:55

Sostengo casi siempre que hay esperanza, que el ánimo  no se pierda o nos iremos todos ya saben donde si siguen la rima. Pero hay veces que por más que mi ilusión sea a prueba de bombas y que mi creencia en que esto puede y debe mejorar, la condición humana me revierte a la realidad con una bofetada de las que dejan marca. Aún así no pierdo la confianza en que alguna vez, solo una o un rato, abandonemos ese estado de sociedad bobalicona y podamos disfrutar con la gente y de sus obras.
Me pasó el otro día en la inauguración de la exposición de Las Edades en Cuéllar. La villa engalanada, los vecinos en la calle y esa exhibición de patrimonio que si lo vendiéramos mejor esta tierra haría temblar de envidia al resto de los mortales. Después de un acto necesario pero incómodo y extraño para quienes asistimos invitados por mor de la seguridad, llegó el turno de las reacciones; de las valoraciones de un pistoletazo de salida de un acontecimiento que estoy convencido dejará huella para siempre en el municipio y en toda su comarca.
Y ahí vino la humorada de mi desconsuelo. Tras ver lo que pude, que no fue mucho por el gentío y la expectación, e impresionarme con las tallas, piedras y maderas policromadas, con los óleos y esculturas, con el tremendo Cristo de la Agonía o, por la parte que me toca, con el sepulcro del caballero del linaje de Rojas, me alcanzó la decepción, el desencanto del que huía en una jornada importante para quienes peleamos aquí. Una política, para más señas de Podemos y parlamentaria, analizó de esta manera lo que tanta ilusión hace a casi todos los demás: «echamos en falta una cuestión fundamental, visibilizar que haya mujeres artistas».
Ni Gil de Siloé, ni los Berruguete, Pedro y Alonso, ni tan siquiera El Greco. Nada servía. Creo que se llevó una contestación del tipo de que en esos siglos era complicado que hubiera mujeres dedicadas a esto del arte sacro. Como tampoco se alistaban en los Tercios de Flandes o cruzaban el charco para conquistar a esos indios que llevaban una mala vida y necesitaban que alguien les echara una mano. Pero lo fundamental para ella era eso, que me da apuro repetirlo.
En honor a la verdad y supongo que a la vista de la respuesta, matizó para decir que hay bastantes obras del siglo XX y solo dos las han realizado mujeres. Tampoco es así, porque las piezas de arte contemporáneo en la exposición son escasas, por lo que si solo dos son de mujeres tampoco es mala cifra. Luchar contra la Historia, contra el agua pasada, y mirarla con los ojos de hoy es un truco que ya cansa y una moto que no compro ni a esta señora ni a sus congéneres de formación.
Pero lo preocupante de todo esto es que esos políticos neonatos traten de llevar el debate público a asuntos que nos importan un carajo. La siguiente será decir que es intolerable que las tres iglesias de la exposición tengan nombre de varón. Pues nada, que haga una propuesta para que la trasladen ahora al Santuario de la Virgen del Henar y que busquen obras de manos femeninas de hace cinco siglos. Sería la única forma de reparar esta terrible injusticia que nos asolará durante meses.

Sobre el autor Jaime Rojas
Jaime Rojas, delegado de El Norte de Castilla en Segovia, nos contará, todos los domingos, la crónica social de Segovia, capital y provincia.

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