img
Fecha: abril, 2017
¿La literatura en peligro?
Esperanza Ortega 26-04-2017 | 9:49 | 0

No, la literatura ya no está en peligro, al menos en el Bachillerato español, la Literatura ha sido totalmente aniquilada, ha  dejado de existir como asignatura optativa y por tanto, como materia sobre la que verse la Selectividad. Me refiero a la asignatura de Literatura Universal, que era la única en la que el profesor podía dialogar con los alumnos sobre obras literarias como las de Shakespeare, Kafka, Sófocles, Baudelaire, Poe… Es verdad que eran ya muy pocos los alumnos que elegían esta asignatura, pero esta inmensa minoría justificaba que en los centros de enseñanza no se impartieran únicamente cursillos de capacitación para la empresa de la vida, y que hubiera pequeñas rendijas de reflexión y creatividad. Una hora de clase de Literatura Universal, como una hora de clase de Filosofía, siempre es interesante, incluso cuando el profesor no es de los mejores, y en el caso de que lo sea, una hora de clase de Literatura te puede cambiar la vida. Así lo afirma Massimo Recalcati en “La hora de clase”, un libro en donde analiza la crisis de la relación entre alumnos y profesores, y propone la vuelta a la antigua erotización del saber. Sólo el profesor que consiga abrir el apetito de sus alumnos conseguirá también que deseen aprender. Para conseguirlo, el profesor ha de mostrar el vacío de sus vidas, ese hueco que el saber auténtico puede llenar de sentido. Y el profesor de Literatura cuenta con el más apetitoso entre los frutos del conocimiento, pues la literatura llega hasta el corazón del ser humano. Es verdad que en el Siglo XX hubo tendencias formalistas que fueron desastrosas al aplicarse a la enseñanza literaria, pues redujeron la asignatura al estudio de recursos y estructuras formales. Todorov, el estructuralista Tzevetan Todorov, afirmó al respecto: “a veces los profesores y los críticos olvidan que la gran vocación de la literatura es dar sentido a nuestra vida, y la encierran en un ejercicio estéril, puramente formal”. Algo semejante manifiesta en “La literatura en peligro”, obra a la que pertenece este párrafo: “El objeto de la literatura es la condición humana y, por esa razón, el que la lee y la comprende se convertirá no en un especialista en análisis literario, sino en un conocedor del ser humano”.  En mis años de profesora vi cómo el estudio de la Literatura fue sustituyéndose por el de una vulgarización pedestre de la Semiótica, hasta desaparecer en los estudios generales. El comentario de texto de la Selectividad, donde los alumnos, más que comentar lo escrito, han de demostrar que saben utilizar con soltura la enrevesada terminología de la gramática del texto, es una prueba de ello. Solo quedaba la Literatura Universal para hablar de lo que realmente importa: la vida y la muerte, el amor, la esperanza, el miedo, el fracaso, el destino, la mentira y la verdad. Pero, ¿qué es todo eso para el Ministerio de Educación y Cultura? ¿Cómo van a entender lo que es la erótica del saber aquellos a los que solo sacia el poder y el dinero? Cuando pienso que gente como Esperanza Aguirre o como José Ignacio Wert han estado al frente de este Ministerio, comprendo que no solo la Literatura, sino todo el saber humano corre un grave riesgo. Y sin embargo…, seguirá sonando el timbre y seguirán los niños, adolescentes y jóvenes acudiendo a clase con la esperanza de algo que no saben definir: el escudo que les defienda de toda esta barbarie. Una verdadera pena.

Ver Post >
Machismo en estado puro
Esperanza Ortega 19-04-2017 | 10:37 | 0

En la Antigua Grecia, el amor homosexual masculino se consideraba una relación superior, siempre que tuviera el rasgo de la pederastia, es decir, que los amantes fueran un adulto y un adolescente. De esa manera, el mayor introducía al joven efebo en el amor y lo protegía como adulto que era. Esta relación se daba sobre todo entre maestro y discípulo, como podemos comprobar si leemos detenidamente los Diálogos de Platón. Porque el amor no se consideraba únicamente como relación erótica entre los cuerpos, sino sobre todo como amistad de las almas, y por consiguiente debía ser una relación exclusivamente masculina, ya que la mujer no era considerada como portadora de una alma. También en la vida militar, las parejas de amantes eran fundamentales en la organización del ejército, de esto tenemos un buen ejemplo en el amor de Aquiles hacia Patroclo, descrito por Homero en la Ilíada. Entonces, ¿qué papel tenían las mujeres en el amor? En el amor superior, ninguno. Su única misión era la de estar en el gineceo, cuidando de su prole, fruto del acto en que su marido depositó en ellas el alma del futuro hijo: los hijos recibían el alma del padre, que, siendo hombre, podía ofrecérsela. Las mujeres eran únicamente cuerpo, útero, vacío que el hombre llenaba de espíritu. A mí me recuerda este machismo griego al que actualmente propone la legalización de los vientres de alquiler. La mujer vende su cuerpo como lo ha hecho tantas veces y de tan diferentes maneras a lo largo de la Historia, porque es la única riqueza que se le reconoce en sí misma, igual que el proletario de la era industrial vendía la fuerza de sus brazos al patrón que lo mantenía. El hombre no puede procrear, al menos hasta ahora, pero históricamente está acostumbrado a tener lo que desea, ya sea por la fuerza, ya sea comprándolo, esto último en la sociedad capitalista. Así que hay un mercado que le surte de material y le garantiza en lo posible el producto: él pone el alma y la mujer pone el vientre. En otras ocasiones, como en el caso de un afamado futbolista, es un hombre solo el que desea que su hijo sea exclusivamente suyo, así que compra un vientre, que nunca le va a reclamar nada.  Dicho así da un poco de asco, pero es la pura realidad, por mucho que lo adorne la publicidad de las revistas del corazón. En EE.UU cuesta 120.000 euros una “gestación subrogada”, eufemismo que se utiliza últimamente para referirse al negocio inmobiliario del cuerpo femenino. En países más pobres, sin embargo, las mujeres se venden por mucho menos, como es lógico. Así es la economía de mercado. El tiempo pasa, cambian las relaciones sociales, pero permanece inalterable la consideración de la mujer como materia que apetece la forma masculina, que es como la definió Aristóteles. En el caso del vientre de alquiler ni siquiera hay apetencia en la madre prestada, aunque bien pensado, es la apetencia pecuniaria la que justifica algo tan fuerte como un embarazo y un parto de un niño que no será nunca suyo. La mujer sin rostro que firma el contrato es una esclava de alquiler que acepta que se haga en ella según la palabra del contratante. Ella nada dice, ella no tiene discurso, ella guarda silencio como decía San Pablo que debían hacerlo las mujeres en la Iglesia, pues son seres imperfectos, que han de conformarse con obedecer los designios de quien fue creado a imagen y semejanza del Padre.

Ver Post >
Max Aub
Esperanza Ortega 14-04-2017 | 8:23 | 0

¿Hay alguien que no sabe quién fue Max Aub? Levante la mano con tranquilidad, no es usted el único. Parece que no es el único que desconoce que Max Aub fue uno de los escritores españoles más importantes del Siglo XX, autor de ensayos, poesía, teatro y de las mejores novelas que se han escrito sobre la Guerra Civil, concretamente las agrupadas bajo el nombre de “El laberinto mágico”, verdaderos “episodios nacionales” que poco tienen que envidiar a los de Galdós. Yo los leí desordenados y ni siquiera estoy segura de haberlos leído todos, pues eran libros prohibidos por la Dictadura, que se conseguían difícilmente: Campo del moro, campo de sangre, campo de los almendros… todavía oigo las voces que salen de sus páginas, las discusiones políticas, los diálogos amorosos, el retrato de un mundo en donde la generosidad se debate por sobrevivir al lógico egoísmo de los tiempos difíciles, la esperanza, la decepción, el heroísmo, la mezquindad… En “Campo de sangre”, uno de los personajes discute con un militante comunista y le dice airado: “A veces dais la sensación de ser párvulos”. Algo semejante le hubiera dicho yo a Mateo Feijoo, responsable del cambio de la sala Max Aub por la Sala 11, o a la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid que se lo permitió, seguramente sin saber siquiera quién era Max Aub. Menos mal que Manuela Carmena salió al quite, como la alcaldesa que es. Pero a algunas nos sigue doliendo esa espinita clavada en los más íntimo de nuestros sentimientos, porque desde que leímos a Max Aub a finales de los años sesenta, lo queremos de verdad. Porque Max Aub, que nació en Francia de padres alemanes y vivió desde niño en Valencia, eligió la lengua española como vehículo para expresar su genio literario. Murió, sin embargo, con otra doble nacionalidad, la mexicana y española, pues fue una de las personalidades más relevantes del exilio, de esa España Peregrina de la que habló Bergamín y que es la mejor y más verdaderamente patriota de las dos Españas. Siempre innovador, Max Aub nunca dio tregua a los lectores, ofreciéndonos los frutos más imprevisibles, hasta la edición de “La gallina ciega”, diario de su visita a la España de Franco, en donde no disimula su amargura ante la indiferencia con que son ¿recordados? los que como él, tuvieron que abandonar España por haberla defendido. Fue entonces cuando escribió: “Hay tres tipos de hombre: 1) Los que cuentan su historia, 2) los que no la cuentan, 3) los que no la tienen”. Pues bien, muchos nos oponemos a que cunda la conciencia autista de los que defienden que los españoles no tenemos historia. La tenemos, una historia triste pero muy hermosa, que habremos de contar a nuestros descendientes. Y en ese relato no puede faltar el nombre de Max Aub. Por eso supuso para mí una gran satisfacción haber tenido la oportunidad de incluir en la Exposición de poesía experimental española del MUSAC de León, de la que he sido comisaria junto a otros tres poetas, una muestra de la obra de Max Aub, que también fue vanguardista, cuando lo quiso ser, y no dejó de experimentar con la literatura y con la vida. Por esa y por otras muchas razones que no tengo espacio para referir, no solo una sala del teatro del Matadero lleva su nombre, sino también un asteroide descubierto por Rafael Ferrando, el “asteroide (72827) Maxaub”. ¡Ale!, a leer a Max Aub, jóvenes modernos, que falta os hace –y ya os vais haciendo mayores-.

Ver Post >
Réquiem por el cine español
Esperanza Ortega 05-04-2017 | 9:38 | 0

Muy bien, se baja el IVA para todos los productos culturales: teatro, música, circo…, menos para el cine. ¿Por qué será? Adivina adivinanza. Contestan que no se puede prescindir del IVA del cine porque el séptimo arte aporta 300 millones cada año a las arcas públicas. Así es la vida, mientras se cierran salas y clausuran pantallas, el Estado sigue dando un buen mordisco a cada entrada que pagamos los espectadores. Y la pregunta continúa en el aire:  ¿Tendrá algo que ver esta discriminación exclusiva del cine con el famoso NO A LA GUERRA que protagonizaron actores y directores en la ceremonia de los Goya de 2003? Parece inconcebible tamaño rencor por parte del gobierno, pero el sinsentido de que el IVA del cine sea el más alto de Europa nos obliga a pensarlo. Aunque también dijeron NO A LA GUERRA los escritores, y eso no ha influido en el IVA de los libros. Pero un escritor no es un personaje popular, es decir, que lo que piense o diga un novelista o un poeta no tiene la más mínima repercusión pública. Un ejemplo, Laura Restrepo, la escritora colombiana, publicó en 1993 “Leopardo al sol”, novela-reportaje sobre las mafias de la droga en su país. No pasó nada. Pero se intentó hacer una serie televisiva con el mismo argumento, y entonces sí que recibió la visita que le hizo renunciar al proyecto. El enviado de los mafiosos le explicó: “puede escribir lo que quiera porque nosotros no leemos, ni nuestras mujeres ni nuestros hijos; pero sí que vemos la televisión”. ¿Se dan cuenta? La concesión de los Premios Goya la vio toda España, Aznar incluido. Y si entonces se plantearon hundir la industria del cine, hoy podemos decir que lo han conseguido, porque desde que se subió el IVA del 8% al 21% se han cerrado salas a tutiplén. La prueba la tienen en Valladolid, donde el edificio de uno de sus cines emblemáticos, el Roxy, se ha destinado a un Casino. Buen trueque, para estar orgullosos. Aunque acaso el mantener el gravamen del cine haya sido un simple olvido. Ah, ¿pero el cine sigue existiendo en España? Puede que ni Rajoy ni Méndez de Vigo, su ministro de Cultura, lo sepan a ciencia cierta. Según sus propias declaraciones, el primero no ve ninguna película y el segundo solo ve las que echan en “Cine de barrio”. En esto –me refiero a su escasa afición al cine- se diferencia Rajoy de Franco. A Franco le encantaba el cine: tenía una sala para él solito en el Palacio del Pardo, y hasta fue guionista de la inefable “Raza”, de infausta memoria. Ese rasgo es el único que le confería cierta humanidad, junto con su afición a la pesca del besugo. Rajoy, en cambio, que comparte tantas cosas con el Caudillo – inexpresión gestual, origen gallego y seguidores incondicionales, por algo es Presidente de un partido fundado por Fraga, ministro de la Dictadura- no es capaz sin embargo de soportar media hora sentado en la butaca. Iba a tener razón su niño cuando le dijo que necesitaba mejorar. El caso es que por unas razones o por otras, ir al cine se está convirtiendo en España en algo propio de la gente de izquierdas, de los antisistema o de los populistas, como dicen ahora. No lo prohíben porque no se lleva, pero lo ponen cada vez más caro para que se hunda por su propio peso. ¿Hasta cuando? Hasta que termine esta película. Y el momento del FIN lo decidirán los españoles con su voto. Aunque puede que para entonces ya no cambie la cartelera porque no exista el cine.

Ver Post >
Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

Últimos Comentarios

malva2 17-05-2017 | 08:14 en:
La vergüenza
malva2 11-05-2017 | 09:46 en:
El trabajo gustoso
malva2 08-05-2017 | 09:27 en:
La plataforma de hormigón
malva2 23-03-2017 | 09:37 en:
Los motivos del lobo