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Categoría: Museos
Así está el Patio

Hace tiempo que vengo señalando perpleja que la información cultural cada vez se parece más a la información deportiva y a la información económica. A la primera, porque resulta que de lo que se trata es de batir récords constantemente y a la segunda, porque solo parecen interesar las cifras. Dentro de nada habrá gráficos con lí­neas de subidas y bajadas en todas las informaciones culturales como si del í­ndice Dow Jones se tratara. Creo que ya hay.

El Patio Herreriano ha batido récord de visitantes. (Plas, plas, plas…) Todos contentos. Todos, menos un amplio sector profesional del mundo del arte. Lo manifestado por el Instituto de Arte Contemporáneo y el Grupo de Trabajo del Museo en su comunicado a los medios es compartido en muchos sectores artísticos de dentro y fuera de la ciudad. Da pereza volver a señalar lo ya dicho en otras ocasiones como ésta. Lo que diferencia al Patio Herreriano, lo que le da sentido como Museo, es su importante colección y en torno a ella, a sus contenidos, a sus caracterí­sticas, al papel que juega en el contexto del arte nacional e internacional, relacionado con el nacimiento y desarrollo de las vanguardias, debería girar su actividad. Una actividad que, al mismo tiempo, deberí­a colocar al Herreriano en el mapa de los museos de arte contemporáneo que cuentan en el país. Es decir, aprovechar el hecho de que la Colección permanece en esta ciudad para generar en torno a ella una riqueza cultural que distinga al museo y se convierta en atractivo para un público aficionado y experto, así­ como imán de otras actividades relacionadas. Proyecto y presupuesto económico. Estas son las claves.

Lejos de eso, el Museo se encuentra actualmente sin dirección (al parecer lo dirige una gestora) y sin proyecto (al menos que se haya hecho público), a no ser que el proyecto fuera el de batir récords de visitantes. En ese caso, misión cumplida. Aunque la euforia que traslucían las palabras del alcalde durante el balance de visitas de 2017 (¿por qué no se ha hecho al final del año? La cifra hubiera sido aún más vistosa) habrí­a que matizarla. Para empezar, la entrada ahora es gratuita ¿por qué no se adoptó antes esta medida si tanto preocupaban las estadí­sticas? En segundo lugar, en el Patio Herreriano se ha concentrado la programación de otras salas de exposiciones municipales. Es decir, los visitantes habituales de estas ahora van al Patio. Pero para eso no se necesita una colección ni un museo. Para incluir exposiciones no proyectadas ni comisariadas desde el centro (de cuya calidad media, por cierto, no se duda en la mayorí­a de los casos, ahí­ está la de Sarah Moon) no se necesita la Colección, basta con amplios espacios que permitan montajes adecuados. El Museo era y debe ser otra cosa.

Y un apunte más. Hay que distinguir artistas emergentes de artistas aficionados. Ambos deben tener su espacio, pero quizá sin mezclarse o con las fronteras bien definidas.

(Columna publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el jueves dos de noviembre de 2017)

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Adriana Bustos, historia y compromiso

EL MUSAC ACOGE LA PRMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL EN ESPAÑA DE LA ARTISTA ARGENTINA

Cada una de las series que conforman la exposición ‘Prosa del Observatorio’, primera individual en España de la argentina Adriana Bustos (1967), merecería una visita reposada, pues debajo de cada elemento que las componen hay un trabajo de investigación, documentación, análisis y planteamiento que es difí­cil de captar en un recorrido apresurado. Con todo, los distintos capí­tulos de la muestra, correspondientes a tres series diferentes en una trayectoria muy cohesionada, componen un todo perfectamente coherente y dan idea cabal de las preocupaciones de esta artista que se sirve de técnicas de documentación y de la investigación histórica y en ciencias sociales para reflexionar sobre opresiones sociales, polí­ticas y religiosas en distintos periodos históricos, pero en particular para relacionar hechos acaecidos tanto en  España como América Latina y en sus interrelaciones desde la época colonial hasta nuestros días.

Ya en el título ‘Prosa del observatorio’ subyace este afán por relacionar hechos aparentemente inconexos en los que encuentra filiaciones inesperadas. Está tomado de la obra homónima de Julio Cortázar en la que el escritor argentino establece paralelismos entre la migración de las anguilas por los ríos europeos y las observaciones nocturnas del maharajá Jai Singh creador en el siglo XVIII de observatorios astronómicos en Jaipur y Delhi. En ‘Antropologí­a de la mula’ la primera de las series de la exposición, Adriana Bustos traza un paralelismo entre las rutas comerciales de la época colonial y las del narcotráfico en América Latina, y reflexiona sobre el tráfico de personas y cosas como elemento sustancial de las dinámicas de explotación, producción y comercialización desde las colonias hasta nuestros días.adriana-bustos_antropomorfia-del-sistema_2016

El origen de esta serie de trabajos en los que Bustos mezcla el dibujo (una técnica que domina a la perfección) con el vídeo y la fotografí­a, fue comprobar cómo la crisis argentina y la búsqueda de trabajos precarios habían llevado a la proliferación de mulos dedicados a la recogida de cartòn en la ciudad de Córdoba (Argentina), hecho que coincidía en el tiempo con el escándalo en el que se vio envuelta la empresa aérea Southern Wings en 2005 por el transporte de droga en valija diplomática. La artista dibuja sus personales ‘mapas’ en los que mezcla las rutas que siguieron las mulas en la época colonial desde Córdoba al Potosí­ para la explotación de los minerales preciosos, con las de las ‘mulas’ (término con el que se conocen en el argot del narcotráfico a las personas, mujeres en muchas ocasiones, que transportan la droga clandestinamente) actuales. Especialmente significativo dentro de este capí­tulo es la serie ‘Ilusiones’. Bustos entrevistó a varias mujeres que cumplían condena por narcotráfico en la prisión cordobesa de Brouwer: Fátima, Anabella, Leonor, el último escalón del negocio del tráfico de drogas, también el más vulnerable. La artista las fotografía de espaldas y las sitúa en un escenario ilusorio que representan los sueños por los que se enrolaron en el negocio. Una peluquerí­a, un quirófano, un paisaje selvático, entornos inalcanzables en vidas truncadas. Al lado de cada una de ellas, fotografía a la mula real en el mismo escenario.adriana-bustos_retrato_cortesia-de-la-artistade la artista, ‘El retorno de lo reprimido’, en el que documenta el tráfico de esclavos procedentes en su mayoría del África Subsahariana a través del Atlántico desde el siglo XVI hasta el XIX. E investiga en un hecho poco conocido: los cien mil ciento once esclavos negros introducidos por los españoles en Cuba en un periodo reducido de tiempo, entre 1816 y 1819. Setenta y siete expediciones partieron de La Coruña, según las investigaciones realizadas por la artista, con el fin de abastecer a los hacendados de mano de obra antes de la definitiva prohibición del comercio negrero cuya fecha lí­mite era 1820. El racismo, el tráfico de personas, la explotación están presentes en estas obras donde el habitual aspecto crí­tico del trabajo de Adriana Bustos es aún más patente si cabe.

Capí­tulo aparte merece la serie central de la exposición, ‘¿Quién dice qué a quién?’, una aportación original sobre la censura y sobre cómo la historia se repite en un aparentemente imparable bucle. De nuevo, las dotes de dibujante de Bustos al servicio de una reflexión sobre los libros prohibidos, el control de la información por parte de las dictaduras históricas, el arte como propaganda de regímenes ilegí­timos. La visión paralela de un fragmento del documental ‘Olympia’, dirigido por Leni Riefensthal en pleno auge del nazismo sobre los Juegos Olí­mpicos de Berlí­n de 1936 y de un fragmento filmado del Mundial de Fútbol celebrado en Argentina en plena dictadura militar pone de manifiesto, para la artista, “los modelos de propaganda fascista de ambos periodos y la similitud de sus estructuras formales y estéticas”.

Viendo la obra de Adriana Bustos se podrí­a hablar de un nuevo concepto de ‘arte aplicado’. Aquel en el que las cualidades técnicas y expresivas, la pulcritud formal y la exhaustividad documental están de forma evidente o más clara que en otros casos al servicio de una reflexión política sobre la sociedad en la que vivimos, de una visión crí­tica del mundo y de una manera creativa de preguntarnos sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro.

 

Fotos:

  1. ‘Antropomorfia del sistema’, obra de Adriana Bustos en el Musac
  2. La artista argentina Adriana Bustos. (Cortesía de la artista)

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Otra oportunidad perdida

He soñado que vivía en un país cuyos poderes públicos creían en la cultura con mayúsculas. He soñado que se tomaban en serio su labor como garantes de que esa Cultura –la que crea espacios de reflexión y conocimiento, la que profundiza en los valores democráticos y abre vías para la expansión del espíritu– llegara a toda la ciudadanía con independencia de su situación socioeconómica. Pero me he despertado a la pesadilla del desmantelamiento del Museo Esteban Vicente, no por temido menos doloroso. El Museo permanecerá abierto, sí, gracias a las aportaciones de las instituciones, sí, –por cierto que una parte de esas aportaciones irá a parar irónicamente a costear los finiquitos de los despedidos– pero en unas condiciones sobre las que no podemos llamarnos a engaño. No se puede llevar a cabo un proyecto cultural de altura y ambicioso (ambicioso no en repercusión populista) con una plantilla diezmada, y lo que es peor, descabezada, sin dirección. La salida de Ana Martínez de Aguilar de la dirección del museo es otro episodio más en una tendencia generalizada que pasa por prescindir de los profesionales más cualificados, los que pueden aportar criterio y un trabajo especializado en los valores que se les confían (en este caso el legado de un artista con el que el nombre de Segovia y Castilla y León ha salido al exterior con el prestigio de su obra) pero que resultan incómodos cuando, en base a esos criterios, se niegan a injerencias que consideran ajenas al proyecto o que lo desfiguran en aras de una rentabilidad mal entendida. Los casos de Teresa Velázquez en el Patio Herreriano de Valladolid o, mucho más recientemente, el de Eva González Sancho y su fugaz paso por la dirección del Musac de León son emblemáticos en este sentido. Otras veces el prescindir de un profesional de prestigio al frente de un proyecto cultural es menos ruidoso pero esconde el mismo objetivo: ‘rentabilizar’ la inversión. Y eso suele significar abaratar el contenido, llenar aforos aunque sea a base de esos populismos de los que luego se quejan con la boca pequeña nuestros políticos. Estoy pensando en la salida de Calixto Bieito de la dirección del FÀCYL de Salamanca. El Festival sigue adelante sin él, por supuesto, y probablemente hace más ruido, pero nada tiene que ver hoy en día con el espíritu que alumbró esta propuesta, incluso antes de que Bieito llegara. Por cierto, la OSCyL sigue sin director artístico, es decir, sin rumbo, sin el profesional que ahorme esa personalidad y fomente su prestigio en el exterior.
Con el Esteban Vicente en horas mortecinas se pierde una gran oportunidad que no han sabido ver ni la Diputación Provincial de Segovia, ni el resto de las instituciones implicadas (Ayuntamiento de la ciudad, Junta, Ministerio…) Todas a una por encima de colores políticos y miras estrechas y cortoplacistas deberían haber luchado por el potencial de una institución que hubiera sido una gran embajadora de la cultura de Segovia y de Castilla y León, uniendo un nombre de primera fila en el arte contemporáneo –que ya exportó la luz de su origen desde su exilio en Nueva York– al peso cultural de su historia y su pasado. Pero para eso hubiera sido necesaria en nuestras instituciones mucha cultura y mucha cultura democrática. Aquí preferimos exportar pinchos y tapas. Es más cómodo y cada cual puede hacer la guerra por su cuenta.
El futuro del Museo Esteban Vicente abre muchas incógnitas. ¿Qué va a pasar cuando termine este año electoral? Y la más importante: ¿cómo se va a gestionar el legado del artista y qué papel va a jugar la fundación americana presente en el Patronato en esta labor? No olvidemos que si su voluntad se hubiera cumplido parte de ese legado ya estaría en venta y el consorcio público que gestiona el museo sería una entidad privada. Atrás queda la labor no solo de la actual directora, sino, justo es reconocerlo, la que hizo en su ausencia temporal el que fuera también subdirector de la institución, José María Parreño. Mirar atrás conduce a la melancolía, pero mirar hacia adelante produce vértigo.

(Publicado en mi columna ‘Días nublados’ el 12 de junio de 2015)

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André Kertész, fiel a sus emociones

La Sala San Benito de Valladolid acoge un recorrido por la obra del fotógrafo húngaro, pionero, autodidacta y radicalmente original

 

“He descubierto que para mí lasmejores fotografías son las que me dejan con más preguntas que respuestas». La frase es de André Kertész, uno de los fotógrafos más importantes que dio el siglo XX y un artista cuya intuición le hizo ser pionero en el nacimiento de la fotografía moderna. Aplicada la sentencia a su propia obra, podemos empezar a vislumbrar alguna de sus claves. Las fotografías de André Kertész no son solo aquello que el ojo atento, el ojo entrenado, puede ver.Van más allá, también plantean muchas preguntas en el espectador. Kertész protagoniza la primera exposición del año en la sala San Benito deValladolid. 

La muestra, titulada ‘André Kertész. El doble de una vida’ viene con el aval del prestigioso centro parisino Jeu de Paume y supone un completo recorrido por la obra del fotógrafo nacido en Budapest en 1894 y fallecido en Nueva York en 1985. La obra de este artista autodidacta que participó de la eclosión de losmovimientos de vanguardia del siglo XX, como el surrealismo o el constructivismo, no cabe sin embargo en los cánones de ninguno de ellos aunque pueda relacionarse con la mayoría.Mantuvo siempre su exquisita individualidad, su radical modo de mirar ligado a sus propias emociones, algo que jamás negó. Quizá la única manera de acercarse a su obra con afán de establecer etapas sea biográfica, atendiendo a los lugares a los que le llevó la vida. En este sentido la muestra que ofrece San Benito no puede ser más completa ya que abarca desde las primeras fotografías realizadas en su Hungría natal hasta imágenes tomadas en el mismo año de su muerte en Nueva York. Incluye, por ejemplo, ‘Joven adormecido’, fechada en Budapest en 1912, su primera fotografía conocida. Una imagen que ya apunta el estilo que será la firma Kertész en el futuro. Como las que hizo en el frente una vezmovilizado en las filas del Imperio Austro Húngaro durante la Primera Guerra Mundial. Son estas fotografías las que apuntan al fotógrafo que será, el que nunca pretendió documentar sino interpretar. Para él, la fotografía era eso: una manera de interpretar lo que sentía en un momento dado. «Mi fotografía es realmente un diario visual –dijo– es lo más parecido a un instrumento que sirve para expresar y describir mi vida, de la misma manera que los poetas o los escritores describen sus experiencias vitales. Es una manera de proyectarlas cosas que vivo».

Terminada la guerra, la vida le lleva a París. En 1925 se instala en Montparnasse y entra en los círculos de los principales artistas del momento como Mondrian (alguna de las famosas fotos que hizo en su estudio también están presentes en la muestra), Chagall, Foujita o Colette. Llegan sus primeras exposiciones y sus primeros éxitos. Publica junto a fotógrafos tan destacados como Germaine Krull, Man Ray, Frnçois Kollar o Brassaï (a quien Kertész había introducido en el mundo de la fotografía).

En París realiza alguna de sus obras maestras como la serie ‘Distorsiones’ en la que dos de sus modelos posan ante espejos deformantes cuyo reflejo fotografía, con un resultadoque le vale comparaciones con la obra de Picasso o Jean Arp. Quizá el germen de esta serie esté en ‘Nadador bajo el agua’, de 1917, que tambiénha viajado a Valladolid para la exposición.

Más difícil es su relación con los EstadosUnidos, adonde llega en 1936, cuando ya era un fotógrafo reconocido y un hombre pegado a una Leica (su relación comenzó en 1928 y también fue pionero en el uso de la mítica cámara). Kertész se instala en Nueva York con un contrato para la mayor agencia fotográfica del momento: Keystone. Pero la relación apenas dura un año. Sus fotografías se publican en las principales revistas y en 1945 elArt Institute of Chicago le dedica una exposición. Con todo, se considera incomprendido por lo que en 1962 pone fina su carrera profesional. Curiosamente, un año después y tras el hallazgo de sus negativos del periodo húngaro y francés que se consideraban perdidos y tras la presentación de su obra en la Biblioteca Nacional Francesa, comienza su reconocimiento internacional.

En 1964 su obra se expone en el MoMA de Nueva York y a partir de este momento se suceden los homenajes y las exposiciones de Tokio a Helsinki. En los cincuenta abandona progresivamente la calle para fotografiar desde la ventana de su apartamento con vistas a Washington Square. También empieza a fotografíar en color, aunque desde planteamientos formales muy sencillos. Y aún tuvo tiempo de familiarizarse con la Polaroid. Fue en 1977 y a raíz del vacío que le produjo la muerte de Elizabeth, su segunda esposa. El resultado fue un libro de homenaje a ella titulado ‘From my window’.

Hablaban demasiado

Sí. Sus obras también provocan más preguntas que respuestas. Puede que ahí residiera parte del desencuentro con algunas editoriales americanas en un momento en que el fotoperiodismo (aunque también se le cita como pionero del género, sus planteamientos eran diferentes) primaba por encima de otras vías. La editorial Life, por ejemplo, llegó a decir que sus fotos «hablaban demasiado».

Hablan sí. Sus ‘Distorsiones’, por ejemplo, nos hablan del artista que fue. De hecho, el resultado no tiene nada que ver con otros experimentos de espejos deformantes. Como toda obra de arte produce un suspenso temporal en el que mira. Kertész no abandonó jamás la profundidad e intensidad con que abordaba su trabajo, que acercaba los resultados más a la poesía que al reportaje. Si acaso, el género periodístico que más podría acercársele sería la crónica.

Su trabajo fue una crónica vital regida por la emoción. Y esta se caracteriza por la libertad. Unida a la calidad, rompe todas las barreras.

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Niños frente al objetivo

 A propósito de la exposición de Vanessa Winship en la sala San Benito de Valladolid

 

Hay algo común en la mirada de los niños que posan ante la cámara de un fotógrafo. Da igual que sean urbanos o se hayan criado en el medio rural, que sean ricos o de familias modestas, del Norte o del Sur del planeta. Es algo franco, generoso, expectante. Mientras miran el objetivo, abiertos, sonrientes o tímidos, son puro presente. Lo pensaba mientras contemplaba las imágenes de Vanessa Winship que expone la sala municipal de San Benito de Valladolid en la primera retrospectiva de esta fotógrafa británica nacida en Barton-upon-Humber en 1940. No es una exposición de retratos, sino una reflexión sobre las cambiantes fronteras que afectan a la vida de las personas, a menudo obligadas a dejar sus hogares cuando las guerras –siempre de alguna manera fronterizas– les ponen al borde del abismo. Georgia, los Balcanes, Anatolia, son algunos de los escenarios de esta exposición en la que no falta una interpretación del sueño americano realizada durante un viaje por los Estados Unidos. Pero de todas, los retratos de los niños tienen una fuerza especial, la de sus miradas. Ese momento único en sus vidas que refleja la fotografía (como las de esas niñas turcas escolarizadas por primera vez que cruzaron nerviosas el umbral de su primer colegio) se convierte en un momento único para el espectador. No se la pierdan.

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Castilla y León resiste en Arco

Un año más la galería salmantina Adora Calvo será la única representante de Castilla y León en Arco. La Feria Internacional de Arte de Madrid abrirá sus puertas el próximo miércoles con la mirada puesta en el incremento del IVA que pondrá las cosas más que difíciles a las galerías españolas. De los 201 galeristas presentes en esta edición,  apenas un tercio son nacionales y solo una radica en Castilla y León.
«Arco sigue siendo un buen escaparate. Ser seleccionado es un reconocimiento y una cuestión de prestigio, y hace visible el proyecto de la galería. También es muy importante para los artistas», afirma Adora Calvo que este año lleva como artista destacado a Mitsuo Miura.
La presencia del artista japonés, afincado en España, en este escaparate internacional se puede considerar el prólogo de la muestra retrospectiva que el Reina Sofía le dedicará el próximo mes de marzo en su sede del Palacio de Cristal del Retiro.
Para la directora de la galería salmantina, Miura encaja a la perfección con la línea conceptual de su proyecto por su papel clave en el desarrollo de los minimalismos conceptuales. En este sentido destacan también la presencia del escultor y profesor de Bellas Artes de Salamanca Fernando Sinaga y de Juan Hidalgo, ambos pioneros en el desarrollo de esta tendencia en nuestro país.
Entre los seleccionados por la galería, el vallisoletano Diego del Pozo, interesante en este contexto por su reformulación de lo conceptual trasladándolo a cuestiones relacionadas con las estrategias políticas o las cuestiones identitarias. También presenta su stand la obra de Ignacio Llamas, artista bien conocido en Valladolid por sus exposiciones en la antigua Caracol y que actualmente protagoniza una de las exposiciones del Patio Herreriano.
Por último, la galería presenta las obras de la brasileña Anaisa Franco y la taiwanesa Liao Chi-yu con las que se pretende «hacer visible el trabajo de artistas emergentes internacionales en su diálogo con el contexto español».
En cuanto a las perspectivas de cara a la feria, Adora Calvo no quiere ser muy pesimista a pesar de ser consciente del momento tan complicado que atraviesa el mercado.
«En las últimas décadas habían surgido colecciones muy interesantes en el ámbito de las empresas y este ha sido precisamente un sector muy castigado por la crisis, hasta el punto de que en algunos casos han tenido que echar mano de sus colecciones para sobrellevar la situación. Pero esperemos que los museos sigan necesitando ampliar y completar sus colecciones. Por otra parte, está surgiendo un coleccionismo joven muy interesante. Hay jóvenes que están comenzando a coleccionar quizá con pocos recursos pero con mucho entusiasmo y pasión por el arte y ahí se abre una vía muy interesante».
Como lo es, a su juicio, el hecho de que surjan ferias paralelas a Arco, aunque su origen sea el malestar por una feria que para muchos es coto cerrado. «Creo que las cosas se van normalizando. En torno a las grandes ferias internacionales, léase Basilea, Miami, surgen ferias paralelas donde exponen artistas emergentes. Y eso es buen porque todos no podemos estar en la misma feria. A veces pasan más cosas en las periféricas».
Fuera del stand de Adora Calvo (Pabellón 8, stand D11) el rastro de los artistas de Castilla y León estará disperso. En la Galería Nuble de Santander (Pabellón 10, stand C08) encontramos a un habitual de la feria: el segoviano Alberto Reguera presenta una instalación pictórica que ahonda en su línea de investigación sobre la interacción de la pintura y el espacio. Compuesta por varias pinturas objeto, trabajadas por todas sus caras, está dispuesta sobre un soporte transparente para dar idea de pintura en suspensión y efecto tridimensional. Su título ‘Campos de visión’ alude a las diferentes visiones que el espectador tendrá de la pieza según el ángulo que elija para su contemplación.
Gestos y procesos
También en esta galería encontraremos la obra de Eduardo Hurtado (Valladolid, 1986).  ‘Here are diamonds (Haitz eta Ur) es el título de una instalación en la que ha venido trabajando en los dos últimos años tanto en Bilbao, donde tiene su taller, como en Islandia y Portugal. Hurtado reflexiona sobre los procesos educativos, los espacios de instrucción y la asimilación de los gestos corporales.
El aura de las cosas
A otro habitual de Arco, Ángel Marcos (Medina del Campo, 1955), hay que buscarlo en la galería vienesa Hilger Modern Contemporary donde presenta tres cajas de luz y dos fotografías realizadas en el Cañón del Colorado y en el Valle de la Muerte, durante su reciente estancia en Estados Unidos. Marcos ha seguido las enseñanzas de Walter Benjamin en torno al aura de las cosas y ‘Aura’ se llama este trabajo en el que el artista medinense ha procurado «seguir con calma el perfil de una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa» para capturar su aura tal como preconizaba el filósofo alemán. Y aunque en ellas no aparezca la figura humana, consiguen transmitir esa sensación de poder de la Naturaleza que era el leit motiv de tantos paisajes románticos.
La abulense afincada en Londres Saelia Aparicio (1982) hará doblete esta semana en la capital de España, ya que además de en Arco, su obra estará presente en Just Madrid. A Arco la lleva la galería murciana Art Nueve (Pabellón 8, stand A08) con la que trabaja desde 2009 donde presentará cinco dibujos realizados en tinta y acuarela sobre papel. En ellos aparece de nuevo el personaje de Johnny, presente en trabajos anteriores de esta artista, y que solo es un pretexto para reflexionar sobre «la veracidad del contenido de la memoria». ‘No puedo acordarme de tu cara’, ‘Johnny triste, Johnny, contento’, son algunos de los títulos de sus dibujos con los cuales se pregunta sobre la construcción de los recuerdos distorsionando un rostro al tiempo anónimo y cercano a su propia biografía.
Aparicio ha realizado ya varias exposiciones individuales combinando la escultura y el dibujo, los lenguajes en los que desarrolla su creatividad. Dos proyectos la llevarán este año a Valladolid. En la galería Javier Silva colgará una exposición individual y también tendrá una intervención en el Patio Herreriano.
En la galería José Robles (Pabellón 8 stand B07) encontraremos la obra del segoviano Javier Fresneda. Este artista, que vive entre México y Madrid, define su trabajo como «una respuesta comunicativa a mi entorno, un modo de proponer y compartir actitudes». Sus obras comienzan a menudo como un dibujo y terminan como una instalación que interviene en el espacio urbano con materiales de oficina, naturales o industriales, relacionados entre sí.
En Arco presenta la instalación ‘Future Studies’, compuesta por una serie de C-prints y una escultura en bronce y la escultura ‘Halcyon’.
Pero no todo son artistas emergentes. La Galería Oriol de Barcelona (Pabellón 8, stand F04) presenta una selección de óleos de Esteban Vicente (Segovia 1903, Nueva York, 2001). Una oportunidad para ver obra de uno de los grandes, algo que siempre se puede hacer en su museo segoviano.

 

En las imagánes obra de Ángel Marcos y Diego del Pozo

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.