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Categoría: Arte
Así está el Patio

Hace tiempo que vengo señalando perpleja que la información cultural cada vez se parece más a la información deportiva y a la información económica. A la primera, porque resulta que de lo que se trata es de batir récords constantemente y a la segunda, porque solo parecen interesar las cifras. Dentro de nada habrá gráficos con lí­neas de subidas y bajadas en todas las informaciones culturales como si del í­ndice Dow Jones se tratara. Creo que ya hay.

El Patio Herreriano ha batido récord de visitantes. (Plas, plas, plas…) Todos contentos. Todos, menos un amplio sector profesional del mundo del arte. Lo manifestado por el Instituto de Arte Contemporáneo y el Grupo de Trabajo del Museo en su comunicado a los medios es compartido en muchos sectores artísticos de dentro y fuera de la ciudad. Da pereza volver a señalar lo ya dicho en otras ocasiones como ésta. Lo que diferencia al Patio Herreriano, lo que le da sentido como Museo, es su importante colección y en torno a ella, a sus contenidos, a sus caracterí­sticas, al papel que juega en el contexto del arte nacional e internacional, relacionado con el nacimiento y desarrollo de las vanguardias, debería girar su actividad. Una actividad que, al mismo tiempo, deberí­a colocar al Herreriano en el mapa de los museos de arte contemporáneo que cuentan en el país. Es decir, aprovechar el hecho de que la Colección permanece en esta ciudad para generar en torno a ella una riqueza cultural que distinga al museo y se convierta en atractivo para un público aficionado y experto, así­ como imán de otras actividades relacionadas. Proyecto y presupuesto económico. Estas son las claves.

Lejos de eso, el Museo se encuentra actualmente sin dirección (al parecer lo dirige una gestora) y sin proyecto (al menos que se haya hecho público), a no ser que el proyecto fuera el de batir récords de visitantes. En ese caso, misión cumplida. Aunque la euforia que traslucían las palabras del alcalde durante el balance de visitas de 2017 (¿por qué no se ha hecho al final del año? La cifra hubiera sido aún más vistosa) habrí­a que matizarla. Para empezar, la entrada ahora es gratuita ¿por qué no se adoptó antes esta medida si tanto preocupaban las estadí­sticas? En segundo lugar, en el Patio Herreriano se ha concentrado la programación de otras salas de exposiciones municipales. Es decir, los visitantes habituales de estas ahora van al Patio. Pero para eso no se necesita una colección ni un museo. Para incluir exposiciones no proyectadas ni comisariadas desde el centro (de cuya calidad media, por cierto, no se duda en la mayorí­a de los casos, ahí­ está la de Sarah Moon) no se necesita la Colección, basta con amplios espacios que permitan montajes adecuados. El Museo era y debe ser otra cosa.

Y un apunte más. Hay que distinguir artistas emergentes de artistas aficionados. Ambos deben tener su espacio, pero quizá sin mezclarse o con las fronteras bien definidas.

(Columna publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el jueves dos de noviembre de 2017)

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Fernando Guijar, geometría y color

EL ARTISTA EXPONE SUS ÚLTIMAS OBRAS EN LA GALERÍA JAVIER SILVA DE VALLADOLID

 

Fernando Guijar tiene muy presente su primera exposición en Valladolid porque aquella primera aparición pública como artista (‘El ajuar de Marisol’ en el Teatro Calderón, 1998) le cambió la vida. Hasta entonces su trabajo se habí­a desarrollado en el campo del sonido desde su formación como ingeniero técnico en Telecomunicaciones. Sin embargo, la exposición le sirvió, casi sin haberlo pretendido, para tener algo a lo que aspiran todos (o casi todos) los artistas: una galerí­a. Ferrán Cano le fichó y desde entonces su vida gira en torno al arte y el diseño gráfico. Se licenció en Bellas Artes, hizo un master en Artes Visuales y Multimedia, pero, sobre todo, se liberó de las coordinadas estrictas en las que se mueve el mundo de la ingenierí­a para dar la bienvenida al caos que puede encender la mecha de la creatividad.

Exposición en la Galeria de Javier Silva,de Fernando Guijar.fto Henar Sastre

Exposición en la Galeria de Javier Silva, de Fernando Guijar. fto Henar Sastre

Guijar expone sus últimos trabajos, bajo el título ‘Blok’, en la galería que ahora le es fiel, tras el cierre de la anterior, el ámbito de Javier Silva en Valladolid. Su obra no es desconocida para el público (casi siempre escaso) afecto al arte contemporáneo. En 2014 llenó este espacio con sus ‘paisajes intervenidos’, fotografí­as intervenidas plásticamente que reflexionaban en torno a cómo habí­a evolucionado la consideración del paisaje en la historia del arte, desde lo sublime a lo pintoresco, y jugaba con la idea de Joseph Beuys de que los animales eran ya el último punto de conexión entre el hombre y la naturaleza.

Sin embargo, la exposición que muestra ahora tiene más que ver con aquellos coloridos inicios, con la intervención que montó en paralelo a su anterior exposición en el Patio Hereriano, en aquella feliz iniciativa Lienzo MPH, y sobre todo con el diseñador gráfico que nunca le abandona. Una serie de piezas en las que arte y diseño gráfico, rigor formal y conceptos como utilidad social, decorativismo, constructivismo y un cierto esteticismo se dan la mano.

De entrada, el color: se dirí­a que una apuesta por el lado más optimista del arte. Unos cuantos elementos, plantillas geométricas, fragmentos fotográficos, piezas de madera o elementos de uso cotidiano diseñados por él se van ensamblando en composiciones donde la agilidad resultante no oculta el orden con el que han sido concebidas. Guijar en este camino entre el diseño y la apuesta artística no esconde cómo influyen en él las técnicas publicitarias (sobre todo en el uso del color) junto a propuestas de más largo alcance. Habla, por ejemplo, de la ‘Sala neoplástica’ ideada por el vanguardista polaco Wladisyslaw Strzeminski que pudo verse recientemente en el Reina Sofí­a con motivo de la muestra dedicada a su obra y a la de su pareja, la escultora Katarzyna Kobro. Y es que su acercamiento a ciertas vanguardias clásicas tiene que ver con la mirada de ambos artistas, relacionados con movimientos como el futurismo y el constructivismo y fundadores del movimiento unista que poní­a el acento en la materialidad del arte frente a conceptos como tiempo o movimiento.

El tí­tulo ‘Blok’ hace referencia a esos elementos producidos en serie, como los de cierta conocida marca de muebles, o los elementos de la arquitectura. Es la cadena compositiva, pero también aquello que nos construye por dentro y por fuera. Hay algo terapéutico además en la forma en que Guijar se aproxima a lo figurativo, juega con lo geométrico y nos enseña que el arte, finalmente, es cuestión de mirada, de una mirada personal e intransferible, que dirí­a aquel.

(Artículo publicado en la edición impresa de EL NORTE DE CASTILLA el 23 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (5) Películas que crecen, guiones que brillan

Da igual cuánta información previa se tenga de una película, lo que sepamos sobre su paso por otros festivales, las entrevistas que hayamos podido leer a su director o a sus protagonistas, los premios que las avalen o los silencios que las ninguneen… Llega ese momento impagable del fundido a negro en la sala y esos instantes en los que siempre he pensado, y creo haberlo escrito ya, en los que un film se la juega. Cuántas veces los primeros segundos de arranque contienen el aviso de lo que vendrá después. Y cuando esto sucede, generalmente sucede para mal.

En este festival, la información previa me está sirviendo de poco. Me explico: en general me están decepcionando los nombres consagrados y sin embargo encuentro sorpresas en tí­tulos que a priori no me seducí­an en exceso. Y eso también es la función de un festival: propiciar descubrimientos.

Me sorprendió gratamente ‘Gabriel y la montaña’, la pelí­cula de Felipe Barbosa, un director brasileño del que no había visto su anterior, y único junto a este, largometraje. Y aún más me ha complacido en la sesión de la mañana de ayer la americana ‘The rider’, de la directora china afincada en EE. UU. Chloé Zhao. Ambas comparten la virtud de ir creciendo ante los ojos del espectador. Hemos visto ya en el transcurso de esta edición buenos arranques que se iban desmoronando a medida que avanzaba el metraje. Por eso se agradece tanto el viaje contrario.

El viaje literal por África de Gabriel. Del que no sabemos nada ni se intuye nada especial al comienzo de su historia (paradójico comienzo pues el film arranca con su muerte, lo que no resta un ápice el interés del relato) y que vamos descubriendo poco a poco. Y el viaje humano de Brady, el protagonista de la pelí­cula de Zhao: una estrella del rodeo que ve frustrados sus sueños por un accidente que le deja secuelas importantes. Un guion muy bien escrito, muy bien medido, nos hace contemplar la maduración del personaje, la dura aceptación de una realidad con la que no contaba. Y vamos descubriendo con pequeñas pinceladas su contexto familiar y social. Sin prisas, pero sin demoras. De su autora, la propia Chloé Zhao, envidio su paso por Yaddo, la magnífica residencia de artistas en Nueva York, por la que pasaron algunos de mis escritores y escritoras favoritos (pienso en Flannery O’ Connor y también en Robert Lowell). Lástima que no estuviera la realizadora ni nadie del equipo para defenderla, que esa es también la función de un festival. (Qué cuando nadie defiende la obra ante los medios).

Parecerí­a que todo se ha escrito o se ha filmado ya en torno a la figura del vaquero, o del espectáculo del rodeo, pero no, aún hay gente como Zhao que puede sacar partido a estos locos jinetes. The rider’ es también un festín para los ojos, gracias a la estupenda fotografí­a de Joshua James Richards, y una pelí­cula que no deben perderse los amantes de los caballos. ¡Qué belleza de ejemplares! ¡Y qué gusto salir del cine contenta!

 

(Columna publicada en el suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla el 26 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (3) Sostener la mirada a los refugiados

Se hace raro salir del cine a tomar un café después de sostener la mirada a los refugiados. Porque de eso se trata en ‘Human flow’, la obra con la que el artista chino Ai Wei Wei ha introducido el documental en la Sección Oficial de la Semana de Cine. De ponernos a prueba, de que hagamos, aunque sea en la comodidad de nuestro mundo, de nuestra butaca y con la lejanía de una pantalla entre medias una visita a esa zona oscura que él vivió en directo: y comprobar si somos capaces de sostener la mirada de esa gente a la que las guerras, las dictaduras, un sistema global injusto le robó su futuro. Puede que por ello en su película haya tantas miradas. Miradas de niños, de mujeres, de hombres de todas las edades. Miran a cámara en silencio, fijamente y en calma, y nos interpelan.  Aunque en ellas no haya ni una pizca de odio. Más bien de dolor, de incertidumbre o de tristeza, pero no de odio, aunque tendrían motivos.

Ai Wei Wei ha recorrido 400 campamentos de refugiados de 23 países y ha entrevistada a 600 de esas personas que vemos fugazmente en los rescates de las pateras, en las crisis de las fronteras. Hizo 900 horas de grabación. Ayer consumimos algo más de dos. Y, francamente, me importa muy poco si la pelí­cula le salió excelente, o del montón. La calificaré, sí­, como al resto de la Sección Oficial, y hablaré de ella en mi blog de una manera crí­tica como vengo haciendo estos días. Pero aquí no. Aquí­ solo diré que deberí­a ser de visionado obligatorio en parlamentos, oficinas, escuelas, universidades, centros cí­vicos, culturales, deportivos…

Sí­, ya sé. A los refugiados los vemos todos los dÃías en el Telediario. Minuto y medio es la dosis que soportamos, la que nos vacuna para poder mirar el resto del tiempo hacia otro lado. Durante los festivales de cine los telediarios quedan lejos. No tenemos tiempo: estamos ocupados viendo cine, escribiendo de cine, comentando de cine… Pero ayer, mientras veí­a las risas de esos niños que no han conocido otro horizonte que un hacinado campamento de refugiados (muchos de ellos no conocerán ya otro paisaje) no podÃía dejar de pensar en nuestra ‘actualidad polí­tica’. Sí­, todo este asunto que nuestros gobernantes (de aquí­ y de allá) parecen incapaces de resolver me parecía una pelí­cula de ciencia ficción. Que hagan una sesión conjunta de ‘Human Flow’ antes de ponerse a debatir cualquier otra cuestión.  Quizá así­ lleguen a alguna conclusión positiva y podamos seguir adelante con la cabeza alta.

La pregunta queda sobre la mesa en un momento del documental: El futuro de Europa ¿será  el de los Derechos Humanos, ese aliento que le dio sentido o se acabará convirtiendo en una comunidad cada vez más racista, más xenófoba y excluyente?

No nos llamemos a engaño. El mundo se ha estrechado y los campamentos rozan nuestras urbanizaciones, hombres y mujeres se ahogan frente a nuestras playas y será así­ por más fronteras y muros que levantemos. Y nos atañe a todos. A todos y cada uno.

 

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla el 24 de octubre de 2017)

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Seminci. Toma IV. Aún hay sorpresas

NI LA HISTORIA DE ‘JEUNE FEMME’ NI LA DE ‘SOY UN RAYO DE SOL EN LA TIERRA’ TRASPASAN LA PANTALLA. SÍ LO HACE ‘GABRIEL Y LA MONTAÑA’

Años de Festival pueden derivar en la sensación de que ya lo has visto todo, o casi todo. Y eso pensaba ante, por ejemplo, ante la francesa ‘Jeune femme’, de Leonor Serraille. Seguimos a la protagonista, Paula, en su viaje a ninguna parte. La película tiene momentos, claro, pero mientras esta desnortada mujer va y viene por París, sin dinero, sin amigos, sin familia y con un desequilibrio importante, tenemos la sensación de haberla conocido en otra vida, o en otro festival… Y no logramos empatizar con su peripecia. Todo sucede a distancia. Una primera obra que quizá hubiera tenido mejor encaje en Punto de Encuentro. Aunque los motivos por los que la organización la ha insertado en la sección más importante del certamen tiene que ver casi con seguridad con el hecho de haber sido reconocida con la Cámara de Oro de la Sección Un certain Regard del Festival de Cannes. Esas sorpresas de los jurados…

Tampoco levantaba el animo ni el nivel de la competición ‘Soy un rayo de sol en la Tierra’, otra opera prima en Sección Oficial, esta vez de la georgiana Elene Naveriani. Con ‘matrícula’ suiza, la película hace una interesante apuesta por el blanco y negro. Es desde luego una historia llena de oscuridad que viene a subrayar cómo la mujer sigue siendo el lado más débil entre los débiles de la sociedad. Una historia de mujeres abocadas a la prostitución y de inmigrantes (la inmigración es el gran asunto de esta edición de la Seminci y es bueno que el cine esté ahí dónde debe estar) abocados a la pobreza. Pero la película da muy poco de lo que promete.gabriel-y-la-montana

La sorpresa de la jornada vino de la mano de ‘Gabriel y la montaña’. Podría decirse que su director, el brasileño Fellipe Barbosa, se pega un tiro en el pie al comenzar la historia con la muerte de su protagonista, el que da título a la película, pero pronto veremos que su talento contradice esta sensación. Seguimos a Gabriel en su viaje soñado por el mundo, ya en su etapa africana. Le vemos compartir parte de ese viaje con su novia, y le vemos despedirse de ella a punto de despedirse de la vida. Hay más que un reportaje viajero en este segundo largo del brasileño, una historia contada con sutileza y acierto, en la que el viaje interior existe aunque apenas se insinúa, con bellos paisajes y quizá con un exceso de metraje (131′) que, sin embargo, se puede perdonar con facilidad.

(Fotograma de ‘Gabriel y la montaña’)

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Seminci. Toma III. Historias lastradas por la duda o el artificio

AGNESKA HOLLAND TITUBEA EN SU ÚLTIMO FILME, NAOMI KAWASE NO REMATA EL EXCELENTE ARRANQUE DE ‘HACIA LA LUZ’ Y LA BRASILEÑA LAÍS BODANZKY CUMPLE CON ‘COMO NUESTROS PADRES’. AI WEI WEI MUESTRA SU EMPATÍA CON LOS REFUGIADOS

 

Historias que dirigen mujeres, protagonizadas por mujeres. Quizá vendrá un tiempo en que una crónica no tenga que señalarse esta circunstancia. Pero en este momento sí. La de Agneska Holland, por ejemplo. Su protagonista, una excéntrica defensora de los animales, aficionada a la astrología, que vive sola con sus dos perros en la orilla de un bosque cuya riqueza en fauna es algo así como un paraíso para los cazadores. Holland es una veterana y notable directora polaca, premada por películas como ‘Europa, Europa’ y ‘Olivier, Olivier’; que ha trabajado con grandes directores como Wajda o Kievloski y cuyo paso por este Festival siempre ha sido significativo. Pero en ‘Pokot’ dirige una historia que progresivamente se le va de las manos. De forma que cuando acaba, el espectador no está seguro de si ha visto una fábula, un thriller con elementos de humor, una proclama animalista… o una mezcla un tanto delirante de todo ello. El filme tiene los fallos de una primera obra, cuando el director o directora decide meter en ella todo lo que tiene en mente, cuando lo normal a estas alturas de la apreciada trayectoria de Holland es quitar peso.  Aquí, un plantel de personajes que no acaban de ser creíbles, desde su protagonista, que tan pronto es una dulce presencia como un ser al borde de la histeria, a un joven experto en informática que trabaja para la policía y traduce a Blake, o los perversos cazadores que habitan la comunidad pesan y mucho en el desarrollo de una historia que tiene un final que roza el delirio.

Más contenida, como corresponde a su delicadeza oriental es ‘Hikari’ (Hacia la luz’), de la japonesa Noemi Kawase, bien conocida de un certamen que hace dos años le distinguió con la Espiga a la Mejor Dirección por ‘Una pastelería en Tokio’, y donde también proyectó su primer largo, ‘Suzaku’ y años después la muy apreciable ‘El bosque del luto’. ‘Hikari’ parte de una buena historia: la de una joven que se dedica a realizar audiodescripciones de películas para ciegos y en una de las sesiones de prueba conoce a un afamado fotógrafo que a medida que va perdiendo la vista, se le va agriando el carácter. Excelente comienzo para una realizadora que gusta tanto de reflejar la belleza de los espacios abiertos como de encerrar a sus protagonistas en espacios claustrofóbicos o en primeros planos también claustrofóbicos. Todo un ejercicio de estilo que para una película que trata sobre miradas que despiertan y miradas que se apagan daría más juego. Pero se enreda en el artificio, la película avanza con dificultad y se acaba ahogando.luz

Como naufragará el matrimonio entre Rosa y Dado, protagonista de ‘Como nuestros padres’, de la brasileña Laís Bodanzky, cineasta que con su  primer film, ‘Bicho de siete cabezas’, abrió también la lista de premios internacionales. Aquí retrata la pelea de tantas mujeres consigo mismas: mujeres que no quieren repetir los clichés que afectaron a sus madres o a sus abuelas pero no saben quitarse la presión de una sociedad que les exige ser las mejores madres, las mejores profesionales, las mejores esposas… Ellas lo intentan mientras sus compañeros a menudo nadan en la perplejidad. Correcta realización, buen equipo de actores, y una pulcritud que juega a favor del tema (aún muchos hombres deberían ver estas historias no solo para entender mejor a las mujeres sino para saber que las mujeres están ocupando su lugar ellos tienen también que cambiar su perspectiva) pero en contra de la implicación del espectador.

Dejo para el final, ‘Human flow’ el documental de Ai Wei Wei, estrenado en Cannes con amplia cobertura mediática. Ai Wei Wei no entiende el arte si no está comprometido con su tiempo y así lo deja ver en sus performances y en sus instalaciones que a menudo son un grito contra la censura y los regímenes que no aceptan la diversidad de opiniones. No en vano él sufrió cárcel, tuvo que exiliarse de su país, fue un niño de padre represaliado por el régimen chino y durante la rueda de prensa en Valladolid confesó que siempre se sentirá un refugiado.De refugiados, como todo el mundo sabe, va su documental. Dos horas y cuarenta minutos acompañando por 23 países a quienes huyen de la muerte, sea por la guerra, sea por la persecución política, religiosa o racial. Un documental que no entra en los distintos conflictos que están en el origen de esa marea humana. Creo que es una opción perfectamente consciente. Wei Wei ha preferido acompañar a lso refugiados allí donde se estrellan contra las vallas que crecen en el mundo privilegiado. Vemos todo tipos de campamentos, todo tipo de fronteras, todo tipo de miradasflow-2 que se pierden en la falta de un futuro. Vemos niños, muchos niños, los únicos capaces de sonreír en medio del desastre. Ai Wei Wei, se le ha criticado por ello, es una presencia casi constante en el documental. Y sí que resulta un poco excesiva. Él la justifica afirmando que contrariamente a lo que sucede en el relato de los periodistas norteamericanos que, según él. relatan estas historias desde un punto de superioridad, “como si fueran los dueños de este mundo”, él prefiere mostrar que se siente uno más.

El documental no es redondo, pero haré uso de un adjetivo manido y diré que es necesario. Y una nota más: Wei Wei no puede evitar ser un artista. Lo muestra en planos en los que el reflejo dorado de las mantas de papel metálico que cubren a los llegados en pateras ofrece un una estética visión o en aquellos aéreos en los que la mirada percibe en primer lugar un muro formado por extrañas e idénticas casillas que, una vez la distancia se acorta, se convierten en los tejados de los barracones entre los que se mueven pequeños puntos como hormigas que son en realidad sus habitantes.

(Fotogramas de ‘Hacia la luz’ y ‘Human flow’)

 

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.