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Autor: angelicatanarro
Así está el Patio
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Angélica Tanarro | 09-11-2017 | 11:01| 0

Hace tiempo que vengo señalando perpleja que la información cultural cada vez se parece más a la información deportiva y a la información económica. A la primera, porque resulta que de lo que se trata es de batir récords constantemente y a la segunda, porque solo parecen interesar las cifras. Dentro de nada habrá gráficos con lí­neas de subidas y bajadas en todas las informaciones culturales como si del í­ndice Dow Jones se tratara. Creo que ya hay.

El Patio Herreriano ha batido récord de visitantes. (Plas, plas, plas…) Todos contentos. Todos, menos un amplio sector profesional del mundo del arte. Lo manifestado por el Instituto de Arte Contemporáneo y el Grupo de Trabajo del Museo en su comunicado a los medios es compartido en muchos sectores artísticos de dentro y fuera de la ciudad. Da pereza volver a señalar lo ya dicho en otras ocasiones como ésta. Lo que diferencia al Patio Herreriano, lo que le da sentido como Museo, es su importante colección y en torno a ella, a sus contenidos, a sus caracterí­sticas, al papel que juega en el contexto del arte nacional e internacional, relacionado con el nacimiento y desarrollo de las vanguardias, debería girar su actividad. Una actividad que, al mismo tiempo, deberí­a colocar al Herreriano en el mapa de los museos de arte contemporáneo que cuentan en el país. Es decir, aprovechar el hecho de que la Colección permanece en esta ciudad para generar en torno a ella una riqueza cultural que distinga al museo y se convierta en atractivo para un público aficionado y experto, así­ como imán de otras actividades relacionadas. Proyecto y presupuesto económico. Estas son las claves.

Lejos de eso, el Museo se encuentra actualmente sin dirección (al parecer lo dirige una gestora) y sin proyecto (al menos que se haya hecho público), a no ser que el proyecto fuera el de batir récords de visitantes. En ese caso, misión cumplida. Aunque la euforia que traslucían las palabras del alcalde durante el balance de visitas de 2017 (¿por qué no se ha hecho al final del año? La cifra hubiera sido aún más vistosa) habrí­a que matizarla. Para empezar, la entrada ahora es gratuita ¿por qué no se adoptó antes esta medida si tanto preocupaban las estadí­sticas? En segundo lugar, en el Patio Herreriano se ha concentrado la programación de otras salas de exposiciones municipales. Es decir, los visitantes habituales de estas ahora van al Patio. Pero para eso no se necesita una colección ni un museo. Para incluir exposiciones no proyectadas ni comisariadas desde el centro (de cuya calidad media, por cierto, no se duda en la mayorí­a de los casos, ahí­ está la de Sarah Moon) no se necesita la Colección, basta con amplios espacios que permitan montajes adecuados. El Museo era y debe ser otra cosa.

Y un apunte más. Hay que distinguir artistas emergentes de artistas aficionados. Ambos deben tener su espacio, pero quizá sin mezclarse o con las fronteras bien definidas.

(Columna publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el jueves dos de noviembre de 2017)

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Fernando Guijar, geometría y color
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Angélica Tanarro | 06-11-2017 | 8:09| 0

EL ARTISTA EXPONE SUS ÚLTIMAS OBRAS EN LA GALERÍA JAVIER SILVA DE VALLADOLID

 

Fernando Guijar tiene muy presente su primera exposición en Valladolid porque aquella primera aparición pública como artista (‘El ajuar de Marisol’ en el Teatro Calderón, 1998) le cambió la vida. Hasta entonces su trabajo se habí­a desarrollado en el campo del sonido desde su formación como ingeniero técnico en Telecomunicaciones. Sin embargo, la exposición le sirvió, casi sin haberlo pretendido, para tener algo a lo que aspiran todos (o casi todos) los artistas: una galerí­a. Ferrán Cano le fichó y desde entonces su vida gira en torno al arte y el diseño gráfico. Se licenció en Bellas Artes, hizo un master en Artes Visuales y Multimedia, pero, sobre todo, se liberó de las coordinadas estrictas en las que se mueve el mundo de la ingenierí­a para dar la bienvenida al caos que puede encender la mecha de la creatividad.

Exposición en la Galeria de Javier Silva,de Fernando Guijar.fto Henar Sastre

Exposición en la Galeria de Javier Silva, de Fernando Guijar. fto Henar Sastre

Guijar expone sus últimos trabajos, bajo el título ‘Blok’, en la galería que ahora le es fiel, tras el cierre de la anterior, el ámbito de Javier Silva en Valladolid. Su obra no es desconocida para el público (casi siempre escaso) afecto al arte contemporáneo. En 2014 llenó este espacio con sus ‘paisajes intervenidos’, fotografí­as intervenidas plásticamente que reflexionaban en torno a cómo habí­a evolucionado la consideración del paisaje en la historia del arte, desde lo sublime a lo pintoresco, y jugaba con la idea de Joseph Beuys de que los animales eran ya el último punto de conexión entre el hombre y la naturaleza.

Sin embargo, la exposición que muestra ahora tiene más que ver con aquellos coloridos inicios, con la intervención que montó en paralelo a su anterior exposición en el Patio Hereriano, en aquella feliz iniciativa Lienzo MPH, y sobre todo con el diseñador gráfico que nunca le abandona. Una serie de piezas en las que arte y diseño gráfico, rigor formal y conceptos como utilidad social, decorativismo, constructivismo y un cierto esteticismo se dan la mano.

De entrada, el color: se dirí­a que una apuesta por el lado más optimista del arte. Unos cuantos elementos, plantillas geométricas, fragmentos fotográficos, piezas de madera o elementos de uso cotidiano diseñados por él se van ensamblando en composiciones donde la agilidad resultante no oculta el orden con el que han sido concebidas. Guijar en este camino entre el diseño y la apuesta artística no esconde cómo influyen en él las técnicas publicitarias (sobre todo en el uso del color) junto a propuestas de más largo alcance. Habla, por ejemplo, de la ‘Sala neoplástica’ ideada por el vanguardista polaco Wladisyslaw Strzeminski que pudo verse recientemente en el Reina Sofí­a con motivo de la muestra dedicada a su obra y a la de su pareja, la escultora Katarzyna Kobro. Y es que su acercamiento a ciertas vanguardias clásicas tiene que ver con la mirada de ambos artistas, relacionados con movimientos como el futurismo y el constructivismo y fundadores del movimiento unista que poní­a el acento en la materialidad del arte frente a conceptos como tiempo o movimiento.

El tí­tulo ‘Blok’ hace referencia a esos elementos producidos en serie, como los de cierta conocida marca de muebles, o los elementos de la arquitectura. Es la cadena compositiva, pero también aquello que nos construye por dentro y por fuera. Hay algo terapéutico además en la forma en que Guijar se aproxima a lo figurativo, juega con lo geométrico y nos enseña que el arte, finalmente, es cuestión de mirada, de una mirada personal e intransferible, que dirí­a aquel.

(Artículo publicado en la edición impresa de EL NORTE DE CASTILLA el 23 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (8). La sorpresa estaba en el palmarés
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Angélica Tanarro | 01-11-2017 | 1:27| 0

Hoy en dí­a o tienes un ‘thriller’, una novela negra, o no tienes nada. Se ve en las editoriales, en los premios literarios… y ahora también en los festivales de cine. La Espiga de Oro ha sido una sorpresa. Este año tocaba una decisión polémica. Ya sabemos que los jurados son soberanos y sus decisiones respetables, pero eso no aminora cierto estupor por todo lo que se ha quedado fuera del palmarés. ‘The Nile Hilton Incident’ es una pelí­cula que tiene sus valores, claro, incluso desde el punto de vista social: toca el tema de la corrupción policial y de la debilidad de algunos presuntos estados de derecho. Pero no deja de ser una película policiaca de guion convencional. Hemos visto muchas así­ y desde luego no quedará como un hito del certamen. El primer premio ya parecía un exceso, pero no repartir mejor las espigas e insistir en esta cinta con el premio al mejor director y al mejor guion roza lo incomprensible. Porque este año el nivel medio invitaba al reparto. Pero hubo tres pelí­culas que, desde mi opinión, superaban ese nivel medio. Y me dirán que una de ellas, sin duda ‘The rider’, no ha salido mal parada, pero para una cinta de tal belleza, fotografí­a, delicadeza y precisión en el desarrollo del guion la Espiga de Plata, el premio Pilar Miró y el galardón al mejor actor suenan a consolación. Sobre todo, por comparación.

‘The party’, el inteligente y, visto lo visto, arriesgado ejercicio de estilo de Sally Potter se va de vací­o, aunque sea una lección de cine y una lección de cómo en ocasiones cine y teatro están muy cerca.  Y nada tampoco para ‘Foxtrot’, la estupenda sorpresa final que al jurado le debió de pillar ya cansado. El premio a la mejor fotografía se lo llevó  ‘Soy un rayo de luz en la tierra’, aunque no es precisamente la luz y su manejo lo que destaca en esta prescindible cinta (y aquí­ también había estupendas candidatas (y si era por el blanco y negro la ya mencionada ‘The party’ le daba unas cuantas vueltas). Pero Ray Loriga, que hizo de portavoz del jurado, lo dijo claro y contundente en dos idiomas: puede que os guste o no, pero esta es nuestra decisión. Y punto. Nos vemos en el cine.

(Columna publicada en el suplemento Seminci de la edición impresa de El Norte, el domingo 29 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (7). Reflexiones para la vida real
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Angélica Tanarro | 01-11-2017 | 1:19| 0

Estábamos bien en el patio de butacas. Ayer, cuando salimos, España era un paí­s más triste, más tenso, peor… Daban ganas de volver a entrar y no salir hasta que se hubiera recuperado la cordura. Pero como decí­a Aute, los sueños cine son y fuera nos esperaba la vida real.

Comentábamos entre los compañeros de la crí­tica que este año parecí­a que habí­a habido más gente en las salas. Pronto conoceremos las cifras oficiales, pero ojalá esa impresión se confirme. Pero aún más, ojalá se haya creado una cierta inercia, que el resto del año la gente siga yendo al cine, que los medios hablemos de cine y no solo de taquillas, que los profesores hablen de cine en las aulas, que alguien se arriesgue los fines de semana con una pelí­cula menos comercial, que la apariencia de desierto no vuelva a ser la tónica. Por soñar…

No sé si somos conscientes. Contar con un festival de cine que aún conserva, a pesar de la competencia y de lo mucho que ha cambiado el panorama a nivel del paí­s, una buena parte de su prestigio es un capital que no se debería desperdiciar. Supongo que el Ayuntamiento, que es su principal apoyo, y el resto de los patrocinadores son conscientes de ello, pero dado lo que está pasando con otras instituciones que tendrían que ser un buque insignia de la cultura local y nuestra mejor carta de presentación en el exterior no las tengo todas conmigo.

Aquí­ somos dados a crear revoluciones para retroceder, en vez de apoyarnos en lo que tenemos para ser más grandes. Cada vez que me acuerdo de las propuestas que algún aspirante puso encima de la mesa tras la 60 edición para una Seminci ‘renovada’ y que eran vistas con simpatía por quien tení­a que decidir me dan escalofrí­os.  Por desgracia en Cultura es difí­cil avanzar, pero facilí­simo retroceder. Para lo primero, hace falta consciencia, conocimiento, un proyecto y voluntad, para lo segundo basta con un poco de frivolidad.

¿Hemos visto buen cine en este certamen? En general sí­ (hablo de la Sección Oficial, que es lo único que he podido seguir). Pero a un Festival el buen cine se le supone. ¿Hemos visto propuestas arriesgadas, lo que podrí­amos llamar cine ‘de festival’? No demasiado. El riesgo estaba muy controlado. Da la sensación de que se tiene mucho miedo y en cierta forma es comprensible. Unas declaraciones de su director, Javier Angulo, antes de comenzar esta edición en el sentido de que no había ninguna película demasiado rara o que fuera difí­cil me sonaron a eso. Y de alguna manera lo entiendo. Los balances culturales cada vez se parecen más al seguimiento del Ibex 35. Y yo en esto me he vuelto conservadora: prefiero conservar este Festival en condiciones a encontrarme el dí­a de mañana con un certamen válido para cualquier centro cívico gracias a alguna propuesta ‘innovadora’. Aunque acudan multitudes. Y esto no tiene nada que ver con el elitismo. O sí­, con el elitismo al que debe aspirar toda actividad cultural que se precie. Lo verdaderamente revolucionario y democrático sería que todo el que quisiera pudiera tener acceso en todos los sentidos a la Cultura con mayúsculas. Pero aquí­ solemos hacer el viaje al contrario: rebajar el contenido para que sea ‘popular’.

Y así­ no se puede avanzar.

(Columna publicada en el suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte el sábado 28 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (6). La vida en un plano secuencia
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Angélica Tanarro | 27-10-2017 | 8:52| 0

Fuera de las salas, ayer era en nuestro país ‘otra’ jornada ‘histórica’. Otra agotadora y tensa jornada histórica que, mientras escribí­a estas líneas aún estaba en pleno suspense. Este paréntesis vital que es la Seminci, para quienes la seguimos intensamente, se nos antojaba este año más apetecible que nunca por su inmediatez balsámica. Tení­amos cierta sensación de alivio: pensar que durante unos d ías podríamos esquivar la realidad, la dura realidad de esa especie de película de ciencia ficción en la que venimos sumidos desde aquella distópica sesión del Parlamento catalán del pasado septiembre.

Pero el cine, por fantástico que sea, siempre nos toca de cerca. Al menos mientras lo sigan haciendo seres humanos y no una máquina siguiendo algoritmos. Y dio la casualidad que las dos películas programadas en pase de prensa de la Sección Oficial de la mañana de ayer me (hablaré por mí­) hicieron pensar en el conflicto catalán, también llamado ‘el procés’.

Sobre todo la primera, ‘El insulto’, apreciable filme de Ziad Doueiri: el relato de un conflicto casi doméstico que acaba en los tribunales y enfrentando a dos comunidades religiosas ya enfrentadas de antemano. Estamos en el Lí­bano y una cañería ilegal puede encender la mecha de una revuelta callejera. No sabemos si intencionadamente o no, (si hacemos caso a su director, no) el mensaje que rezuma la pelí­cula es claro: las heridas que deja una guerra, o ‘conflicto bélico’ como nos gusta llamarlas para suavizar, son difí­ciles de cicatrizar, las heridas duran tanto que parece increíble que la gente no aprenda del pasado y deje que los intereses políticos cortoplacistas, la falta de diálogo, los malos entendidos y la insolidaridad ganen la batalla de la división cuando son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Y solo tenemos una vida. Doueiri, sin embargo, a pesar de haber ambientado su film en el Lí­bano, de haber enfrentado en él a un miembro del Partido Cristiano y a un palestino, y de haberse tenido que plegar al deseo del Gobierno libanés de especificar que ‘las opiniones vertidas en el filme son exclusiva de su director’, aseguró una y otra vez en la rueda de prensa que estaba al margen de debates y polémicas políticas (?). ‘Nadie tiene el monopolio del sufrimiento’, dice uno de los personajes en un momento clave de la película. Amén.

La segunda, ‘Bajo el árbol’ cuenta, inicialmente en tono de comedia, cómo un aparentemente banal conflicto entre vecinos puede acabar en tragedia casi griega. Y eso que estamos en la frí­a Islandia. Aquí­ sí­, su director, Hafsteinn GunnarSigurDsson, reconoce que ha querido mostrar que la violencia nunca es el camino. Una bola de nieve va creciendo en el corto verano islandés. Gente herida que, o bien acaba proyectando su dolor en asuntos nimios, o es incapaz de gestionar sus emociones. Si en ‘El insulto’ hay una luz al final del camino, en ‘Bajo el árbol’ solo queda una sombra heladora.

Detrás de ambas, sendos buenos cineastas que es de lo que se trata.

 

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla del 27 de octubre de 2017)

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.